Deja de drogarte

“¿Pero qué dices Araceli? ¿Se te ha ido la olla? ¡Yo no me drogo!”. Sí, sí que te drogas. Quizás no con las sustancias que clásicamente llamamos drogas, pero sí, cada día te drogas. Y a continuación te explico cómo.

No queremos sentir.

Vivimos sin vivir. Pasamos por aquí de puntillas, intentando no hacer ruido ni hacernos daño. Queremos confort 24/7. Cuanto más fácil y rápido mejor. Siempre huyendo del dolor. Lo queremos todo para ayer porque no soportamos la duda ni la incertidumbre. Queremos que todo sea fácil, que no nos suponga un. Esfuerzo.

Y la vida, querida conseguidora, está muy alejada de esto. El dolor es necesario para crecer, para sentir la vida. No pasar dolor en tu vida significa que no estás viviendo. 

Para no sentir, usamos diversas drogas, algunas ilegales pero la mayoría de ellas son legales y están muy normalizadas. De hecho, en el caso de algunas de estas drogas, es más común consumirlas que no hacerlo. 

El alcohol, el tabaco, las series… todo esto son drogas de uso normal. Y, la que aquí nos ocupa, la comida, también es una de ellas, y demasiado extendida.

La comida como vía de escape.

El dilema de la comida es que presenta una doble vertiente. Por un lado, es imprescindible para vivir. Pero, en cambio, podemos perder el control sobre ella y usarla para calmar malestares internos no gestionados correctamente.

Esta droga está mundialmente extendida. Piénsalo, ¿qué hacemos cuando nos queremos premiar? ¿Qué hacemos para calmarnos después de un mal día? Usamos la comida para sacar emociones, buenas y malas. Y además, en la mayoría de ocasiones, no somos conscientes de ello.

Comemos por impulsos, sin saber por qué lo hacemos. Rara vez es con hambre, o con hambre fisiológica al menos. Sentimos cosas y, como no queremos enfrentarlas, comemos, rellenando ese vacío que no queremos ver.

Esto es drogarse, como lo hace el yonki con algún tipo de sustancia, el ludópata con el juego o un alcohólico con el alcohol. Ellos, al igual que nosotras, cuando no quieren enfrentarse a lo que les duele, usan la sustancia a la que están enganchados.

¡Desengánchate!

“Vale, es verdad, lo admito: me drogo con comida. ¿Y ahora qué hago?”, preguntarás. Pues la solución es fácil de decir y bastante compleja de hacer: tomar consciencia.

¿En qué consiste eso de “tomar consciencia”? Pues en que estés muy atenta a lo que haces, especialmente cuando comes. Cada vez que te des cuenta que estás comiendo o vas a ello, párate y evalúa la situación: ¿qué comes?¿por qué lo haces?¿qué estás sintiendo?¿qué tipo de comida estás tomando?¿puedes no comerlo?, etc. Este tipo de cuestionamientos hará que seas consciente de qué haces y por qué y, con ese conocimiento, debes decidir si sigues hacia delante y te lo tomas o no. Pero siempre con consciencia, con el piloto automático desconectado.

Esto va a ser largo y difícil. Recuerda que llevas toda la vida huyendo y usando la comida para ello, por lo que el cambio no pasará de un día para otro. Esto te llevará tiempo, pasarás por épocas mejores y peores, unas veces se te hará fácil y otras pensarás que has tirado por tierra todo lo que habías logrado. Ten paciencia contigo misma conseguidora, esto es un camino de fondo, no un sprint.

Deja de evitar, de huir. Enfréntate. Sé consciente de ti, de tu historia, de tu presente, de tus sentimientos y emociones. Y, sólo desde ahí, podrás alcanzar el cambio que deseas y mantenerlo para siempre. Coge la vida por los cuernos y haz con ella lo que te dé la gana.