Pesarse: ¿sí o no?

Como ya te dije en este post, es importante medir los cambios que vamos logrando. Fundamentalmente, porque es de las mejores formas para motivarnos a seguir. Podemos romanizar el proceso diciendo que lo hacemos por estar sanas y cualquier ñoñería similar. Pero entre tú y yo, esto lo empezamos por algo puramente estético. Sí que podría variar de dónde viene ese malestar que nos empuja a buscar nuestra mejor versión, si de fuera, porque lo que nos molesta profundamente son los comentarios y el qué dirá la gente, o de dentro, porque sientes que ese cuerpo no te representa, como me pasaba a mí.

Para medir el progreso en un cambio de hábitos y de pérdida de peso, la primera medida que solemos tomar es el peso, pero, yo me pregunto: pesarse, ¿sí o no?

Esa cifra que depende de tantas cosas

Típico: te levantas, vas al baño, haces tus necesidades y subes a la báscula. Si dice un número inferior al que dijo la última vez que nos subimos: felicidad inmensa. Si el número es mayor, depresión profunda. 

Esta es la historia diaria de muchas de nosotras. Dependemos de una cifra para ser felices o no, pero no somos conscientes de que ese número se puede ver alterado por muchísimos factores. Diría que el principal está en ser NOSOTRAS, porque sí, conseguidora, al ser mujer, nuestro baile hormonal mensual hace que nuestro peso oscile y suba y baje a lo largo del mes. La retención de líquidos, la variación de porcentaje de grasa, etc.

Esta cifra que nos escupe la báscula también depende de la hora del día que sea, si hemos comido o no, del nivel de hidratación… Depende de tantísimos factores que no es de fiar.

Cuando, de un día para otro, se producen variaciones de más de un kilo, obviamente no es real. Entendiendo engordar y adelgazar como ganar o perder grasa, es materialmente imposible que en 24 horas almacenemos o quememos un kilo de grasa. Por supuesto, estas variaciones son de líquidos, por lo que se demuestra que no es un dato en el que debamos confiar.

La báscula, un arma de doble filo

Además de no ser fiable, el peso, y la báscula concretamente, tiene mucho peligro, pues es tremendamente adictiva. 

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Quién más, quién menos, hemos vivido bajo el yugo de ese aparentemente inocente aparato. Hemos hecho de todo porque cuando subiésemos pusiese que habíamos bajado de peso. Hemos puesto en peligro nuestra salud física y mental por ello.

La báscula no es un electrodoméstico más del hogar. Este cacharro tiene la capacidad de alterar tu conducta, de convertir aquello que comenzaste para estar mejor, en una pesadilla. Pesarse de vez en cuando para tenerlo como guía y teniendo en cuenta que ese valor es relativo, pues puede estar bien. Vivir obsesionada a los números que allí aparecen, desde luego que no lo está. 

Hay que ser muy consciente cuando y por qué se usa y ser capaz de darse cuenta cuándo está siendo un problema. Las herramientas están bien mientras las usemos adecuadamente, hazte responsable de su uso.

Los números, ¿lo son todo?

Más allá de que no es un dato real y de que tiene mucho peligro por la adicción que crea, basar nuestro progreso en si la cifra baja o no, hace que no veamos las otras bondades que nos trae el cambio de hábitos.

Cuando iniciamos un nuevo estilo de vida, se producen muchas mejoras en otros campos distintos al cuerpo físico, como es a nivel mental, pues nos sentimos mejor con nosotras, de estado de ánimo, porque estamos mucho más felices, y cambios en el nivel de energía, porque al comer más sano y movernos más, cada vez tenemos más y más energía.

En cambio, cuando nos cerramos al peso como única forma de medir el progreso, no somos capaces de darnos cuenta de las mejoras en estos ámbitos que estamos viviendo. Nos cegamos con los números y no vemos lo bien que nos está yendo la vida ahora.

Nos ponemos tristes porque la báscula dice que pesamos un kilo más que ayer (ya te he dicho que eso no es real), los que nos impide ver que ahora subimos las escaleras sin ahogarnos, o que al hacer el cambio de armario entre estaciones no acabamos llorando porque ¡nos sirve todo!.

No todo en la vida son números. Hay emociones y sentimientos que no se pueden traducir a cifras.

Si quieres una prueba real, te recomiendo esta

Por último, si quieres una prueba real que te indique con fidelidad tu cambio físico, esa es, sin duda, la fotografía. Fotografiarse periódicamente y, a ser posible, con la misma ropa cada vez, es la forma más real y fidedigna de comprobar la evolución del cambio que estás haciendo. 

Además, si lo llegas a hacer, te darás cuenta como, además del cuerpo, te cambiará la cara y la expresión de la misma. Y es que, este tipo de procesos te cambian la vida, te da ilusiones y sueños por cumplir. No serás la misma que empezó, así que sal de la báscula y comienza a ver todos los cambios buenos que se han producido en tu vida.