No puedes depender de la motivación

¿Cuántas veces nos hemos abandonado a merced de la motivación para conseguir los objetivos que nos marcamos? Seguramente, las mismas veces que hemos fallado en su consecución. Y es que la motivación es un estado demasiado transitorio y volátil para dejar tanta responsabilidad a su cargo.

La motivación es un motor de gasolina

La motivación va a golpes, a ráfagas. Ahora me apetece pero dentro de un rato no. Va y viene como las olas del mar. Con estas características, imaginarás que poco podremos conseguir.

Cuando digo que la motivación es un motor de gasolina me refiero a que, cuando viene, tenemos una gran arrancada. Nos sentimos capaces en ese momento de todo, ¡y queremos hacerlo y tenerlo todo ya!

Pero, tras ese sprint inicial, la caída es estrepitosa. Se nos va el acelerón y nuestro camino queda casi en punto muerto. Nos quedamos vacías esperando a que otro sprint nos sorprenda. Mientras tanto, el tiempo pasa, lo que nos desanima y va reduciendo, poco a poco, la posibilidad de que aparezca un destello de motivación en nuestras vidas.

Es un círculo vicioso: cuanto más dependamos de la motivación para hacer algo, menos aparecerá en nuestras vidas, pues eso que buscamos alcanzar no tiene el valor necesario para nosotras. Y cuanto menos aparezca la motivación, más hastiadas nos sentimos, más olvidamos lo que estamos haciendo y el por qué y para qué, y menos aún aparecerá.

Si nosotras no vamos en busca del objetivo, no tendremos ilusión y motivación suficiente para alcanzarlo. A fogonazos no se llega a ningún sitio.

La responsabilidad, el motor diésel que necesitas

En cambio, cuando te haces responsable del proceso que te conduce a tu objetivo, vas añadiendo combustible constantemente y, poco a poco, lo irás alcanzando.

Cuando decides que vas a buscar un resultado en concreto de forma responsable, encuentras un sentido a lo que haces y esto es lo que te da fuerzas para seguir. Tal vez unas veces vayas más rápida y otras más lenta, pero no te detienes, sigues grano a grano haciendo la montaña cada vez más grande.

motivación

Ser responsable es escucharte y elegir ese objetivo que sabes que quieres lograr, porque lo decides tú, porque te apetece a ti. Más allá de lo que dirán, tú quieres lograr ese objetivo y no pararás hasta alcanzarlo.

De esta forma, es bastante más fácil mantener el camino, pues la ilusión junto a la responsabilidad son la clave del éxito.

¿Por qué me falta motivación a menudo?

Como decía, la motivación falta cuando eso que quieres conseguir no es idea tuya, no es una inquietud de tu fuero interno. Cuando intentamos copiar el RESULTADO (sí, en mayúsculas, negrita y cursiva, porque siempre nos dejamos deslumbrar por el resultado, pero nunca nos planteamos lo que ha tenido que hacer esa persona para alcanzarlo) de alguien, no tenemos en qué sostenerlo, porque no es un deseo nuestro. Por eso, a la más mínima dificultad, lo dejamos abandonado, nos sentimos fracasadas y buscamos otra cosa donde entretenernos.

Si no quieres que te falte motivación, busca objetivos que nazcan de tu alma, que te hagan ilusionarte, que, de pensarlo, te apetezca salir corriendo a por ellos. Pero no lo hagas. No vayas como loca en su búsqueda. Estudia bien el objetivo, busca pros y contras, detalla las dificultades que puedes tener, sé consciente de dónde puedes fallar. En definitiva, prepárate bien y, ahora sí, ¡ve a por ello conseguidora!